QUEDARSE PELADO EN EL INTENTO

El farmacéutico José Antonio Brancato, propietario de una farmacia que estaba ubicada en Florida al 600, comenzó en 1914 a elaborar y vender un producto que servía para mantener asentado el cabello, hecho en base a goma tragacanto, y cuyo nombre de marca era "gomina".


Uno se aplicaba el producto, y se formaba un verdadero casco de cabello. Había que ponerse un poco en las manos, desparramársela sobre el cabello húmedo y peinarse. El cabello quedaba endurecido, pero una vez que se secaba completamente, se cubría de una capa de polvo blanquecino, similar a la caspa. No era nada estético al final del día.

La “Gomina Brancato” se presentaba en un envase de vidrio. Se veía en la peluquería, cuando el peluquero introducía el peine y extraía una cantidad suficiente para peinar a dos clientes.

Cuando no se disponía de los 30 centavos que costaba, los varones solían comprarse en la farmacia un sobre de goma tragacanto, que se disolvía en una cantidad suficiente de agua como para obtener un preparado similar a la Gomina Brancato, pero incoloro. Todo para lograr un mismo resultado, pero más barato.


En 1925, este invento argentino fue introducido en París por un porteño elegante llamado Carlos Arce, frecuentador de cabarets y restaurantes de lujo. Fue así como los primeros tangeros en llegar a la ciudad luz, introdujeron la gomina como un auténtico producto de contrabando, aunque marcando distinción.


Pronto actores y galanes de cine comenzaron a utilizar gomina. Con este producto podían correr, agitarse, meterse al agua, pero con la cabeza… siempre intacta.



EL AUTO FANTASMA!

A mediados de 1964 los diarios argentinos publicitaron un vehículo sumamente revolucionario para la época, el "Vicking I ".

Era un sedán de cuatro puertas con motor de 1.4 y 64 caballos, próximo a fabricarse por la empresa “La Carreta” con un motor similar al del Peugeot 403. Otra información indicaba que la carrocería sería de poliéster (según la publicidad era inmune a la corrosión y... eterna!).

Pronto hubo mucha gente suscripta a cómodos planes de financiación interesadísima en esta maravilla de la tecnología… pero pasaba el tiempo y los autos no aparecían.

Al tiempo, la Policía Federal comunicó a la población que estaba en presencia de una estafa, comprobando luego de una investigación la inexistencia de la fábrica.

En febrero de 1965 la Secretaría de Industria y Minería ratifica la inexistencia de la fábrica. Nunca se supo que pasó con los directivos de la empresa, ni con los damnificados que habían puesto dinero como forma de adelanto.

fuente: www.cocheargentino.com.ar

NADAR EN EL RIACHUELO

En 1867 se realizó la primera carrera de natación en nuestro país... y en aguas del Riachuelo.

La distancia recorrida por los participantes fue de 1600 m y se denominó "Maratón náutica".

El público estaba dividido en dos grupos, uno de cada orilla, quienes con bombos, platillos, latas y todo instrumento capaz de producir ruido, alentaban a sus favoritos, en su mayoría atletas ingleses.

Las mujeres ya no se tapaban los ojos o daban vuelta la cabeza ante los prejuicios de ver al sexo opuesto en paños menores (igualmente estaban todos cubiertos).

El ganador, llamado Tomás Hogg, se adjudicó una mantequera de plata donada por Mr. Atckinson, el organizador del evento deportivo. Como dice el dicho, del segundo nadie se acuerda... se llamaba Tomás Miller quien conquistó un juego de saleros de plata.

Desde entonces el Riachuelo se conviertirá por años en el primer "natatorio gigante". Al río se acudía frecuentemente para determinar cuál era el mejor nadador de la época. Con el tiempo, los porteños aprendieron de este saludable deporte traído por ingleses, las clases sociales se mezclaron, los ingleses se fueron "acriollando" y los porteños adoptaron algunas maneras y costumbres europeas.

En la actualidad, el Riachuelo forma parte de las zonas más abandonadas de la ciudad. El río recibe el 25 % del agua diaria desde efluentes industriales (125.000 m cúbicos por día) y un 75 % desde efluentes cloacales (375.000 mts3 de aguas servidas por día). Se presume que no son más de 65 empresas las responsables de la contaminación no biodegradable del 80% del río. En el agua hay concentraciones de mercurio, zinc, plomo y cromo superiores en 50 veces a los niveles máximos permitidos, y la concentración de Esterichia Coli es similar al de una cloaca.




EL FIN "PORTEÑO" DE LOS MUNDOS

En 1910 la llegada del cometa Halley a Buenos Aires estaba prevista para el 18 de mayo de ese año a las nueve de la noche, justo cuando comenzaba la semana por los festejos del Centenario. Se temía que su cola fuera rechazada por el sol, haciendo que al derrapar impactara en la Tierra. Aquí el cometa fue denominado porteñamente como “el coludo” (por su gran cola meteórica).

El presbítero Fortunato Devoto se transformó en el primer argentino en divisar el cometa desde la ciudad de La Plata.
Y bastó que se publicara la noticia para que de inmediato surgiera el negocio de los telescopios. Los buscavidas compraban estos aparatos para sacarles jugo.

Los suicidas eligieron los métodos más curiosos para lograr sus propósitos: ingestión de cajas de fósforos con agua o de bicloruro de mercurio (para tratamiento de la sífilis); polvo hormiguicida o una dosis mortal de láudano. Alguien se arrojó a un aljibe y hubo quien ingirió cigarrillos macerados en alcohol de quemar.

Se prepararon refugios subterráneos para sobrevivir a los efectos tóxicos de la cola del cometa. Un tal Tulio Miguez, construyó 3 bunkers que se ocultaban bajo tierra. Estos sucuchos de 2 ambientes contaban con cuatro ventanitas, que permitían espiar como se acababa el mundo. En él podían esconderse cinco personas sobreviviendo con tubos de oxígeno (también incluídos) que permitían vivir 72 horas. Miguez vendió 2 bunkers y el tercero lo reservó para él y su familia.

En la esquina de Bartolomé Mitre y Florida se instaló un telescopio que anunciaba: ”Vea por 5 centavos al cometa Halley y conozca la causa de su futura muerte”. Los charlatanes y curanderos se pusieron al día, ofreciendo todo tipo de protecciones para evitar el mal.

La señora Julia V. curandera de la calle Sarandí al 200 aseguraba que nadie moriría por los gases del cometa pero igualmente había que visitarla para que nos salvase con un método “curativo psicológico”. Su negocio se llenó de ilusos, y quienes no podían acercarse por distancia, podían enviar el dinero para que ella los salvara.

En esa semana, extraños fenómenos se reproducían: la aparición de un monstruo marino divisado por Prefectura Naval cerca de San Fernando; un avión que choca contra un auto estacionado; siete hombres mueren de cíncope; 40 caballos escapan y realizan una gran estampida por Palermo; una parejita de novios se suicida para evitar morir ahogados ; otra pareja también se suicida por miedo al cometa (él le dispara a ella al corazón y luego se gatilla en la sien). En Buenos Aires se multiplicaba la histeria y el espanto de morir por el Halley.

Finalmente llegó el día señalado. En los conventillos se organizaron bailes para festejar el último día de vida y las fiestas se multiplicaron por todos lados.
Pero a la medianoche, la sirena del diario “La Prensa” anució que el peligro había pasado.

Llegó el 18 de mayo y el mundo siguió girando. Por la madrugada, las terrazas de los edificios más altos de Buenos Aires estaban colmadas de felices avistadores. Pasado el momento, La Nación tituló: “El peligro del cometa desvanecido. Fracaso de los pronósticos terroristas”.
Nuestra ciudad continuaba intacta, y pronto la infanta Isabel visitaría nuestras tierras...

Fuente: Hist. Daniel Balmaceda

En la foto, una publicidad Argentina de Vinos Cordero, que retrata la llegada del Halley.


CUAL FUE LA PRIMERA PUBLICIDAD EN UNA CAMISETA DE FUTBOL?

En 1967, Boca Juniors había firmado un contrato de exclusividad en su Ciudad Deportiva, para tener publicidades de la firma "Crush".

Como el predio estaba en construcción, Boca aceptó los 60 millones de pesos y ofreció poner publicidad en su indumentaria.


Los equipos salieron a la cancha durante un tiempo con buzo azul con vivos amarillos y la inscripción CRUSH en el centro del pecho y la espalda.

“...Parecíamos hipopótamos, muñecos gigantes, yo era un tipo gigante y Anega me decía con ese buzo parecía una bestia..."
"...La ropa era de una tela muy gruesa, nos lo poníamos en el vestuario pero no lo usábamos para jugar...”
“...Estábamos en Milan y los tanos se mataban de risa...” recordaba el gran arquero Antonio Roma.

Esta es considerada como la primera publicidad en indumentaria de fútbol Argentino.

En la foto: de izquierda a derecha a Muñeco Madurga, Menéndez, Rojas, Zarich y Pocho Pianetti.


LOS PADRES DE LA NOCHE PORTEÑA

En 1964, los mellizos José y Alberto Lata Liste inauguraron la boite más exitosa de todo Buenos Aires.
El nombre del lugar habría sido tomado del movimiento guerrillero de liberación negra en Kenia: “Mau Mau”

La decoración elegida para el boliche fue de estilo africano, con pieles de cebra y cabezas de animales embalsamados en las paredes. El lugar contaba también con una estatua en madera tallada que simbolizaba a mau mau y esculturas femeninas representaban al sexo debil. La pista era circular y tenia 7 metros de diámetro.

“Gastamos 20 millones de pesos para simular el living de un millonario en el que, noche a noche, se daban refinadas fiestas. “ afirmaba Lata Liste.

Hay que pensar que, hasta entonces, las boites argentinas sólo tenían capacidad para 120 personas, y de ahí su nombre: boite quiere decir "cajita". No todos pudieron adaptarse al cambio: Mau Mau abrió con una capacidad para 400 personas.

Otro rasgo característico fue que en lugar de poner un patovica en la entrada, optaron por un riguroso sistema de entrada atendido por un profesional que recordaba los nombres de todos los habitués.

Para entrar había que ser mayor de edad, ir de riguroso saco y corbata (los caballeros) o de largo (las damas). Los baños eran impecables, había un maître (el Tano Fabrizzi) que acompañaba a la gente a sus mesas y los camareros nunca entraban en confianza con los clientes.

Entrar a Mau Mau era “lo más” y por eso no todos entraban. De esto se encargaba "Fraga", el portero, más conocido como "El Insobornable".

Los años 70 pusieron en jaque la estética. El blue jean y los pantalones oxford con zapatos de plataforma entraron por la puerta de Arroyo dejando atrás los vestidos largos y las corbatas sobrias. Entonces Mau-Mau cambió: tiñó sus paredes y pisos de bordeaux y negro.
Poco después, el bordeaux y el negro fueron reemplazados por bronce, espejos ahumados y múltiples helechos.

Lata Lista también se encargó de importar celebridades “high class” como Alain Delon el príncipe Bertil de Suecia, Charles Aznavour, Vinicius de Moraes... y otros no tan "high" como Carlos Monzon, Guillermo Vilas, Hugo Gatti, e infinidad de políticos, militares y modelos de época, en esa licuadora llamada Mau Mau.

Este cambio al parecer habría sido pedido por su dueño. La anécdota cuenta que Lata Siste saco su encendedor Dupont de oro y carey de su bolsillo y dijo: “Quiero que Mau Mau sea esto”.
Con otro look, Mau Mau seguía siendo el templo de la noche, apelando a una fórmula sencilla: una combinación de lo avant-garde y lo demodé con la dosis justa de snobismo.

El cambio de década trajo consigo el comienzo de la decadencia. La boite de los 70 intentaba no perder identidad en su mutación a discotheque de los 80s.
En los 90´s la movida nocturna se desplazó definitivamente y en 1994 llegó el ocaso. 
Sus dueños cerraron el lugar... la boite más dandy de Buenos Aires.



FRASES POPULARES:  "PAGAR DERECHO DE PISO"

Seguramente, hoy en día quien ingrese a un nuevo trabajo deberá "pagar derecho de piso" o algún compañerillo se lo hará pagar.
Esto también puede ocurrir en un nuevo grupo del club, en el colegio, en distintos ámbitos de nuestra vida mundana, pero... ¿de donde surge la frase?

En la edad Media, los campesinos se comprometían a pagar una gallina por vivienda para retribuir la cesión del terreno a su rey como una renta anual, lo que comunmente se conocía como "pago del censo". En fin... es una frase popular que pulula en todo el planeta.

Perfecto... ¿pero porqué la utilizamos tanto en Buenos Aires?

En 1859 el municipio de la ciudad de Buenos Aires dictó la primera Ley de Patentes para Carruajes de Alquiler.
Esa ordenanza intentó establecer el pago de patentes, un registro de dueños y de cocheros con foto, la distribución de matrículas, cuáles debían ser las condiciones de aseo de los coches, el uso de luces, el precio de los viajes, y, entre otras cosas, el "precio" del "derecho"... a estacionar en una parada determinada.

Ese precio que se pagaba para poder utilizar una parada, era conocido como “derecho de piso”.

En la foto, una familia paseando en Carruaje por Palermo (1890)
 


LA PRIMERA "VIVEZA CRIOLLA"

El 28 de diciembre de 1851 Don Bernavé de Escalada, presidente de la Casa de la Moneda, recibió en su despacho a un hombre de modales impecables que llevaba con él un mensaje de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires.

José Murillo (así se presentó el hombre ante el funcionario) le entregó a Escalada un documento manuscrito en el que Rosas le ordenaba entregarle al portador del mismo la suma de 2 millones de pesos para pagar sueldos.
Pese a que era mucha plata (el equivalente a 180 kilos de oro), Escalada muy iluso hizo lo que se le ordenaba y entregó el dinero.

Luego de que se retirara el supuesto emisario de Rosas, Don Bernavé de Escalada mandó a un empleado a ver al gobernador para confirmar que todo hubiera salido bien y que el dinero haya llegado... pero Rosas no había pedido dinero alguno. El tal José Murillo era un estafador.


La investigación del caso fue encomendada al jefe de la Policía, quien encontró al ladrón bastante rápido. A los tres días lo detuvo en una posada luego de que el hombre cambiara algunos de los billetes del botín por piezas de oro.

En el cuarto de la posada estaba casi todo el dinero robado y otros documentos falsos, entre ellos uno en el cual Rosas ordenaba que se le entregara un barco al portador.

El verdadero nombre del delincuente era Andres Villegas, quien luego fue fusilado en un patio del Cabildo.

Nota: la imagen es ilustrativa.


SUPER HEROE NACIONAL

“¿Es una bomba?... ¿Es un plato volador?... ¡Tan ágil como un felino! ¡Tan potente como un rinoceronte!... ¡y mas veloz que el sonido para luchar contra el mal!"
De esta manera aparece Sónoman, el primer superhéroe argentino en la revista Anteojito Nº 108 en 1966.

Cuenta la historia que Don Manuel García Ferré, quería inventar un superhéroe nacional ante el éxito televisivo de Batman, y le encarga al dibujante Osvaldo Walter Viola (Oswal) la tarea de crearlo.
Oswal encara dicho proyecto creando a un personaje capaz de viajar por el espacio convertido en un agudo y penetrante silbido a una velocidad de 340 mts por segundo, haciendo que los oscilógrafos siempre detecten su presencia porque su poderosa frecuencia absorbe a los demás sonidos.

Sonoman tenía poderes tales como el de desmaterializarse juntando sus manos por encima de su cabeza donde se conviertía en sonido. Amante de las partituras de Mozart, nunca necesitó matar a nadie pues "combate el mal con su mejor arma, la inteligencia".
Originario del supercivilizado planeta Sono, viajaba a grandes velocidades (convertido todo su cuerpo en una onda de sonido) emitiendo un sonido difícil de soportar. Además tenía un "sono-auto".



Sonoman, era el mismisimo sonido, y cuando arribaba al lugar de destino, se producía un armonioso estallido musical, con ecos y encantadoras vibraciones, del que iba surgiendo la figura azul del superhéroe.
Finalmente, Sonoman podía aumentar su fuerza hasta el equivalente de "tres rinocerontes embistiendo".

Al dibujo lo acompañaban un sinnúmero de exuberantes personajes secundarios, como "Bangcrash", "Oriente Lin", y el "Hombre Museo" (este último capaz de recorrer toda la historia universal recolectando cosas). También se encontraba el "Dr. H. H. Eclu", quien al momento de sacar sus conclusiones primero enunciaba las iniciales de cada palabra de su frase, como por ejemplo "E.H.A.M.", para luego decir "Este Hombre A Muerto".

Esta historieta se extendió a lo largo de 10 años en la revista Anteojito hasta 1976. También fue editado en revista Antifaz y por Ediciones La Urraca.
En 1993 Sonoman vuelve a Anteojito con algunas diferencias en su aspecto físico y modificaciones de su guión original, para dar su última aparición en público.

Metejon de Barrio manteniendo la identidad porteña!




BUSCANDO UNA INFANCIA FELIZ

La Ciudad Infantil no era un parque de atracciones aunque alegró la vida de miles de niños. Este era un refugio seguro para chicos cuyos padres enfrentaban grandes dificultades para cuidar a sus hijos y necesitaban una ayuda de corto o largo plazo.

El lugar fue inaugurado por Eva Perón en 1949 y funcionaba de una manera muy parecida a los Hogares Escuelas, con niños que venían diariamente de sus casas y también con niños residentes. Albergaba a los niños de dos a siete años y su capacidad máxima era de 450 niños; el promedio era de 300, entre residentes y externos.

La finalidad del lugar era integrar los niños marginados a la sociedad, prepararlos para la escuela primaria y ayudarlos a integrarse al grupo por medio del juego.

Cuando los grandes recuerdan a la Ciudad Infantil, recuerdan su "ciudad miniatura" hecha para chicos: los chalets, una plaza con fuente de agua, la escuela, la municipalidad, la iglesia de estilo nórdico con sus vitraux, la estación de servicio y los pequeños conductores que venían a llenar los tanques de nafta, la prefectura donde los que no respectaban las reglas de tránsito venían a pagar sus multas, el banco y las tiendas (farmacia, verdulería, almacén) y el pequeño arroyo azul cielo que serpenteaba por la ciudad...
En la Ciudad Infantil, todos tenían la posibilidad de ser intendente, banquero, farmacéutico o maestro, pero sólo por un día. Se cambiaban los trabajos para que cada niño pudiera cumplir diferentes roles dentro de la comunidad.

La ciudad entera ocupaba dos cuadras, una cuadra era un parque arbolado diseñado para niños, con toboganes, calesita, un tren eléctrico y otros juegos. En la otra cuadra estaba el edificio principal con las oficinas administrativas, una clínica, las salas escolares, un comedor con capacidad para 450 niños, cuatro dormitorios con capacidad para 110 niños, un teatro, un circo, y un gran vistíbulo. Afuera estaban los solarios, la pileta de natación y la ciudad en miniatura.
Las paredes del edificio principal estaban decorados con los dibujos de los cuentos de hadas: Caperucita Roja, la Cenicienta, los Tres Chanchitos, los animales del circo, etc.

La ropa de los niños venía de las mejores tiendas de Buenos Aires y se cambiaba cada cuatro meses.
En el verano, los niños iban a las colonias de vacaciones del Hotel para Niños en Chapadmalal donde muchos de ellos pudieron jugar en el mar por primera vez.

Después del golpe de estado de 1955, los niños residentes fueron desalojados y el establecimento convertido en jardín de infantes. En 1964, la ciudad miniatura fue destruída para construir una playa de estacionamiento.

Afortunadamente y desde hace muchos años en el lugar funciona la sede del Instituto de Rehabilitación Psicofísica (I.R.E.P.). El lugar atiende unos 32.000 pacientes por año, el 70% de los cuales no cuenta con obra social ni cobertura privada de salud. Allí se realizan 600 cirugías de alta complejidad y se reciben en internación unas 700 personas anualmente.

El sitio es Monumento Histórico Nacional desde 1988.
Dirección: Echeverría 955 - Belgrano


EXTRAÑAS DISPOSICIONES MUNICIPALES

Existen en la historia de Buenos Aires numerosos registros de ordenanzas en desuso que hoy pueden provocar alguna sonrisa, pero que en su momento quizás hayan requerido la imposición de una multa.
A continuación refrescamos algunas ordenanzas para tener en cuenta, a fin de evitar problemas con la ley:

*ORDENANZA SOBRE LA VENTA DE PAN

"Cada pan llevará la marca del panadero que lo elabore..." "...La marca deberá ser registrada en la oficina de contraste, bajo la pena de 500 pesos de multa"

*ORDENANZAS SOBRE CASAS DE TRATO

"Si en alguna de las casas de trato donde se venden licores se encontrase algún ebrio, el dueño de ella será condenado a una multa de 100 pesos la primera vez, 300 por la segunda y 500 por toda reincidencia dentro de un año de la primera infracción"

*MEDIDAS HIGIENICAS

"Siendo provechoso mantener limpia la piel y facilitar la transpiración, no debe descuidarse el uso de los baños tibios. Se debe procurar la mayor regularidad en las funciones del vientre.
Se ha de evitar el abuso de purgantes fuertes, como las píldoras drásticas y otras que a la vez de producir el efecto evacuante, originan enfermedades inflamatorias de los órganos digestivos.
De quince en quince días o cuando se sienta la más leve indisposición en el estómago o en el vientre, se deben tomar ligeros purgantes tales como el cremor tártaro, las limonadas gaseosas y de Rogé, el aceite de castor, etc"

*ORDENANZA PROHIBIENDO LA VENTA DE FRUTA VERDE
"Las frutas que se venden en los mercados, plazas, calles, puestos, etc para el consumo de la población deberán ser sanas y maduras. Los que faltaren a esta disposición serán penados con la multa de 50 pesos, decomisándoles además la fruta mala"

Fuente: Memoria de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires - 1861



SACANDOLE "VIRUTA" AL ADOQUIN

Una de las cosas más pintorescas de Buenos Aires son sus adoquines. 

Aquellos cubitos imperfectos que hacen que el "tachero" avispado vaya por otra calle para no romper el tren delantero del auto...  
Aquel patrimonio vendido para revestir algunas entradas de residencias importantes...

Pero... cual es la historia del "adoquin"?

En el año 1888 el municipio porteño firmó un contrato con la Sociedad Franco-Argentina de afirmados de madera, para tapizar 200 cuadras a razón de 7,70 pesos oro el metro cuadrado. El 10% de ese valor de adoquin estaba destinado a la manutención del adoquinado durante 10 años por parte de la constructora.

En vez de recurrir a la piedra de Colonia (Uruguay), se prefirió la madera, algo que no se encontraba en Buenos Aires. Los adoquines fueron de pino de Suecia y de las Landes, de 20 centímetros de largo, asentados sobre una base de hormigón de piedra y cemento de Pórtland.
Pero hubo un problemita: la madera resultó de baja calidad y el plan fracasó.
Luego aparecieron los adoquines de piedra.
A comienzos de los 1900, las exportaciones suecas estaban en pleno aumento pero todavía no había una demanda suficiente para llenar los barcos que llegaban a América del Sur.
 

El propietario cada buque traía productos para comercializar por su cuenta, corriendo el riesgo de no poder vender nada en el puerto de destino.
Los productos suecos más fáciles de colocar en el mercado eran el hierro y los artículos de madera, pero también se vendían muebles de hierro fundido, herramientas, cerveza rubia y negra, ponche (destinado a los “sedientos” suecos que vivían en el exterior), botellas de vidrio y alquitrán.

Como en los barcos sobraba lugar, esto motivó que se llevaran piedras.
El granito de Bohuslän se usó no sólo como basamento del puerto sino también para construir un rompiente de olas cerca del Yacht Club Argentino en la Dársena Norte.

Los adoquines suecos eran rosados y pequeños en contraste con los que en algún momento aparecerían provenientes de la prisión de Martín García, toscos, grandotes y grises. Estos últimos son los que perduran en nuestra querida Buenos Aires.

Como siempre, Metejon de Barrio le saca viruta al adoquín!



VOS PIBE, FUMA!

Entre los años 1885 y 1900 se fundaron en Buenos Aires alrededor de 10 fábricas de cigarrillos. Una de ellas, quizás la más exitosa del momento fue "La Popular".


Su dueño era un uruguayo llamado Juan Posse, quien desde adolescente se dedicó al negocio del tabaco, primero como empleado y luego como empresario.


A los 20 años abrió una tabaquería en Florida y Lavalle, a la que bautizó "La Popular".

Para principios de 1890, su producto tenía una venta de alrededor de 400.000 cajitas al mes. Sin embargo y aún con gran éxito, el negocio daba pérdida.

Fue así como enterado de que la competencia adulteraba su tabaco de calidad con tabaco barato, los denunció por adulteración de marca.

En 1892 abrió su fábrica en el barrio de Almagro. El edificio estaba caracterizado por tener escudos heráldicos en sus muros y una torre con reloj, lo que lo hacía parecer más a un castillo renacentista que a una empresa.

En esta fábrica también se produjeron otras marcas importantes tales como: La Proveedora, Cigarrillos 43, Centenario o París.

En aquel tiempo, era muy común que las tabacaleras organizaran sorteos entre sus consumidores. Así, juntando una cantidad determinada de cajitas y enviandolas por correo a la fábrica, se participaba de sorteos de alhajas, relojes u objetos para el hogar.

Sin embargo, Juan Posse duplicó la apuesta: con su éxito económico se convirtió también en empresario inmobiliario. Fue así como adquirió tierras en lo que hoy es la localidad de Mariano Acosta. La historia cuenta que Posse loteaba tierras y las sorteaba entre los consumidores de su marca.

Actualmente donde funcionaba la fábrica (México y Maza) existen canchas de fútbol 5, no obstante el inmenso edificio continúa en pie.


Fuente: Nicolas Ricatti - El Estandarte Porteño



LOS LOCOS DE PALERMO

No es nada nuevo decir que la figura del polémico Don Juan Manuel de Rosas sigue generando amores y odios luego de ya casi 200 años.

La particular historia que traemos a continuación, cuenta de la existencia de cuatro locos que vivieron durante muchos años en el Caserón de Palermo: el Gran Mariscal Don Eusebio, el Reverendo Padre Viguá, El Loco Bautista (mulatos todos ellos) y el último, conocido como El Negro Marcelino.

De ellos, el que más se destacaba era el Gran Mariscal Don Eusebio, quien tenía carta blanca para decir la mayor insolencia al personaje más encumbrado (previa autorización de su jefe)
Rosas festejaba ruidosamente esas procacidades, y la víctima no tenía más remedio que aguantarlas por no disgustar a don Juan Manuel. El loco se había identificado tanto con Rosas a punto de adivinar en una mirada, cuál de las personas presentes le era la más antipática al Brigadier, y sobre ello volcaba sus sátiras ofensivas.

Eusebio se acercaba a la persona, la miraba con fijeza, y se ponía a hacer burlas de su vestimenta o de sus formas físicas. La víctima, sin atreverse a protestar, sonreía y sufría, guardándose para sí y masticando bronca.
Rosas luego le pedía al loco que cese con su burla, pero éste en vez de obedecer, las duplicaba. El bufón seguía hasta que la víctima quedaba completamente humillada.

Otras veces, Rosas mandaba a don Eusebio con un bonito uniforme, para que entretuviera a visitantes recien llegados mientras él demoraba un momento. Detrás de las paredes Rosas se escondía a reírse del arribado, el cual no entendía absolutamente nada.

Cuando Rosas no tenía con quien divertirse, los locos eran sus víctimas.
Así pasaba por ejemplo con el mulato apodado "Reverendo Padre Viguá". Cuando Rosas lo encontraba en algún grave delito de torpeza, le daba de rebencazos, y el loco recibía los golpes con recogimiento y sin la menor protesta.

El Loco Bautista era menos gracioso, por hallarse próximo al estado demencial. Rosas lo empleaba como víctima pasiva de sus diversiones. Se ha escrito que era el preferido para que "le insuflaran los intestinos por medio de fuelles y hacerlo luego montar con espuelas", o bien para hacerle arrancar los pelos de la pelvis por medio de "pinzas"...

El Negrito Marcelino completaba la tetrarquía de los bufones familiares. Este último era habilidoso para desempeñarse en los mandatos insolentes y en las raterías domésticas. El loco apodado "Padre Viguá" acostumbraba valerse de Marcelino para ejecutar pequeñas estafas, de las cuales nadie reclamaba temiendo el enojo de Rosas.

En la foto, un retrato del Padre Viguá, uno de los locos de Rosas.

ANECDOTAS PORTEÑAS: EL INGLES ENJABONADO

En la Buenos Aires del siglo XIX, existían 2 clases de juegos: los juegos para divertirse... y la "timba".

Las crónicas de época suelen mencionar a criollos que corrían carreras de caballos solo por dinero, sin fijarse demasiado en la categoría del animal que montaban (sin montura ni espuelas).

Otros de los juegos populares eran las lamentables riñas de gallos o el billar.
También estaban los juegos denominados "malsanos" como los dados y las cartas, en donde se recuerda que hasta los niños sentían inclinación por el "escolazo".

Los ingleses por su parte, eran muy afectos a las apuestas y a todo juego en el cual se obtuviera alguna ganancia. Tal es el caso de un marinero quien en los festejos del 25 de mayo de 1822, se llevó todos los premios del palo enjabonado...

Los palos de aquel entonces más que enjabonados estaban engrasados.
El juego consistía en alzarse con el botín que se encontraba atado en la cima de los palos: relojes y bolsas con dinero, eran los premios para el intrépido ganador.

La historia cuenta que el marino inglés tras alcanzar los bultos del primer palo, inteligentemente se envolvió con ellos el cuerpo (lo que impidió que se siguiera resbalando). Así fue como subió a los restantes palos y bajó el reloj y la billetera colgados en su boca.

Al descender del último palo, lo rodearon los soldados que custodiaban la fiesta y le quitaron los premios por considerar que había hecho trampa...
Como el marinero se resistió, intentaron llevárselo preso. Es así como todo el vecindario que hinchaba por él, armó un gran alboroto y por ello debieron liberarlo, permitiéndole conservar sólo uno de sus premios.




AL FONDO A LA DERECHA!

En la Buenos Aires del siglo XVIII existieron varias formas de llamar al acto de "ir al baño" y los menesteres realizados en él.

Excremento, aguas mayores, excreta, deposición, evacuación, hez, suciedad, defecación y defecación entre otros eran expresiones cultas disimuladas para llamar al producto de las "bajas funciones". Así también la orina tenía su terminología: "aguas menores".

También había distintos nombres para llamar al meteorismo: céfiro, gas, flato, flatulencia o ventosidad. Y más poético podía identificarse como viento, un aire, o una ráfaga.

Finalmente al inodoro se lo llamó común o excusado ya que era un "lugar de necesidad, que por común, excusado es nombrarlo". También se lo denominó evacuatorio, lugar de alivio y lugar de retiro. Este último término deriva de "retrete" del latín retractus (retirado) está definido como un cuarto o habitación pequeña destinado a retirarse o recogerse especialmente a ciertas horas.

Juan Manuel de Rosas llamaba "habitabitángulo" a este lugar tan especial de su casa, mientras que el resto de los porteños y su lunfardo dieron vuelta algunas palabras como "biorsi" (servicio), "ñoba" (baño) y aplicaron otras como "ir al cien" o "cien" ya que en los grandes conventillos los baños con letrinas estaban identificados con ese número.



TE REGALO UN PALACIO

Los grandes aportes del italiano Antonio Devoto en tierras porteñas fueron innumerables; Fue presidente del Banco Inmobiliario, entidad que adquiriera tierras para proyectar lo que hoy es el barrio que lleva su nombre.
También participó en la creación de la Compañía General de Fósforos, el Frigorífico Argentino, e impulsó varias industrias; promocion
ó la creación del Hospital Italiano y colaboró intensamente en obras y recaudación de fondos en apoyo a la comunidad italiana.

Devoto jamás olvidó el amor hacia su tierra de nacimiento y sus actos estuvieron teñidos de una fuerte italianidad. Fue el gran sentimiento hacia su madre patria lo que lo llevó a recibir numerosas distinciones por parte de la Corona Italiana:

*Caballero de la Orden de la Corona de Italia
*Caballero de la Orden de San Mauricio y San Lázaro
*Caballero de la Orden del Mérito en el Trabajo
*Gran Oficial de la Corona de Italia
*Comendador del Orden de la Corona de Italia
Y Conde....
Fue el 23 de enero de 1916 día en el que el rey de Italia Vittorio Emanuele III, quien tenia respeto y consideración por Devoto, le concede por propio decreto este título nobiliario.

Pero una historia poco olvidada es la de la construcción polémica de uno de sus palacios.
Devoto encargó la construcción de una residencia para uso particular al ingeniero Alfredo Cecci. Este último levantó el edificio con materiales traídos de Europa, construyendo 28 habitaciones...
La vivienda era de tres niveles. Los pisos eran de roble de Eslavonia, las paredes estaban revestidas con madera y paneles de seda. Abundaban los grandes espejos y los frescos, el granito martelinado y las escaleras de mármol.
A Devoto le habría parecido poca cosa para ser habitado por un huésped de la realeza... Así fue como terminó por regalársela al constructor!

Actualmente en el lugar funciona desde 1938 la Escuela de Educación Especial y Capacitación para sordomudos Bartolomé Ayrolo.



 EL PALACIO PARA "POBRES"

Una de las medidas tomadas por el Estado durante la gran inmigración, fue la de suplantar la palabra "asilo" por la de "hotel de inmigración" (sonaba más lindo al oído).
La idea era generar una construcción capaz de llamar la atención de Europa, y debía ser un reflejo de lo que la nación podía ofrecer a los que quisieran emigrar.

El primer asilo de inmigrantes era una construcción redonda, que daba aspecto de fría, una construcción de madera, sumamente vieja. La limpieza del lugar era buena pero aún así parecía siempre derruída.

Recién en 1906 comenzaron las obras para el hotel de inmigrantes. Sería una superficie de 27.000 m2 organizada en pabellones dispuestos alrededor de una plaza central. Todo el terreno estaría rodeado de un muro con rejas de hierro. La planta baja estaba destinada a comedor y cocina, mientras que los 3 pisos restantes eran utilizados como dormitorios.
 
La rutina en el hotel era la siguiente: las celadoras despertaban temprano a los inmigrantes. Luego del desayuno, las mujeres lavaban la ropa en los lavaderos y cuidaban a los niños, mientras los hombres tramitaban algún trabajo. El servicio del comedor se ordenaba en dos turnos de hasta mil personas cada uno. Los niños recibían a las 3 de la tarde la merienda y a partir de las 7 quedaban abiertos los dormitorios. Además se enseñaba el uso de maquinarias agrícolas para los hombres y labores domésticas a las mujeres.

En el edificio, hubo también una voluminosa biblioteca a disposición del inmigrante, con diversas publicaciones, mapas y libros orientados a informar al extranjero acerca de las costumbres, del trabajo y de la riqueza de su nueva tierra. También allí se les brindaba cursos de idiomas.

La ley establecía 5 días de alojamiento gratuito, sin embargo la reglamentación se extendía por el tiempo necesario hasta que el inmigrante consiguiera un trabajo.

A continuación transcribimos parte del "Manual del inmigrante" de 1902, (que se daba en Italia a quien viajara a Buenos Aires).

1- Cuando una banda toca el Himno Nacional, todos los presentes se descubren la cabeza en señal de reverencia.

2- A cualquier mujer, sea una dama o una lavandera, se le dice habitualmente "señora". Llamar a una "donna" del pueblo "mujer", no suena bien, ya que equivale a decir "hembra".

3- Para llamar a la gente en la entrada de la casa, no se golpea ni se grita; se baten las palmas de las manos.

4- para llamar a un carruaje o para avisar desde lejos al conductor de un tranvía para que pare, no se dice "pss, pss, pss, sino "psiiió, psiiió".

5- En los cafés hay siempre un lugar especial para las señoras. Son admitidos sólo los hombres que las acompañan.

6- En un café o en un restaurant se llama al camarero batiendo las palmas dos veces y agregando inmediantamente la llamada de "mozo". No se golpea sobre la mesa el vaso.

7- En la platea de los teatros y cines, no está permitido, ni siquiera a las mujeres, llevar el sombrero puesto, ya que se impediría a los otros ver la escena.

8- No se fuma ni en los tranvías. El aviso "Esta prohibido salivar", significa "vetato sputare"...

9- Por la calle no se camina fuera de la vereda; de hacerlo, recibiría el calificativo de "atorrante", que equivale a "mendigo".



¿TANTO LIO POR UN "HELADO" ?

Para la década del '20 el hielo no era un producto masivo.
Para conservarlo en una casa, había que tener un mueble que no era otra cosa que una caja aislada y revestida en madera en la que se colocaba un cuarto o media barra de hielo con el fin de conservar algún alimento.

Esta antigua heladera funcionaba como una conservadora, motivo por el cual todos los días había que poner hielo nuevo, lo que lo tornaba poco práctico.

Muchas veces en verano y pese al hielo, la temperatura en el interior de la heladera aumentaba en exceso y los alimentos terminaban irremediablemente atacados por las bacterias. Por esa razón la compra de carne u otros productos perecederos debía realizarse día a día según las necesidades de consumo.

Buenos Aires tuvo provisión de hielo desde 1856.
El depósito estaba frente a Plaza de Mayo, en los zótanos del antiguo teatro Colón (donde hoy está el Banco Nación) y este era abastecido por barcos acondicionados que traían los bloques desde Estados Unidos y Europa.
La primera fábrica de hielo fue instalada en 1860 por Emilio Bieckert con el propósito de sostener su producción de cerveza.

La venta de helados es de la misma época. El primero en vender el dulce helado fue el portugués Miguel Ferreira, dueño del Café del Plata situado en Rivadavia entre Tacuarí y B. de Irigoyen.

Años más tarde se importaron pequeñas máquinas que ayudadas por hielo que enfriaba la mezcla y tras horas de girar una manivela, permitían obtener deliciosos helados caseros. El helado había que tomarlo en el momento sino no había manera de mantener su cremosidad y textura.



EN PLAZA CONS-TITU-CIOOOOON....

Plaza Constitución fue al igual que Plaza Miserere, una gran playa para la concentración de carretas que traían mercancías de las provincias. Tiempo después en la zona comenzó a funcionar un gran mercado, pero ya en su entorno comenzaban a florecer prostíbulos y pulperías.  

Para borrar los vestigios de la época colonial, había que poblar y afrancesar la ciudad. Pa ra ello el intendente porteño Torcuato de Alvear, debió pensar en parquizar toda la plaza y colocar algunos monumentos.

Así fue como surgió la gran Rocalla, popularmente llamada "la gruta de Constitución" que se construyó entre 1885 y 1888. No solo fue la más grande de las grutas de la ciudad, sino la más criticada...

Consistía en una muy rara imitación de un castillo en ruinas, lo suficientemente alto como para no pasar desapercibido (diez metros). Tenía torres, un atalaya, troneras; escaleras que llevaban hacia una especie de camino de ronda; poternas, matacanes, saeteras etc, etc etc. El supuesto objetivo de erigirlo en ruinas habría sido darle al paseo una atmósfera “romántica”.

Poco tiempo después de su inauguración la gruta ya eran peligrosa: se clausuró su acceso público y una parte debió demolerse por precaución.
Docenas de tarjetas postales de la época se empeñaban en mostrarlo como una curiosidad simpática, aunque llovían las críticas: aquel monumental adefesio había costado cien mil pesos fuertes y era absurdamente caro de mantener; no gustaba a nadie, y acabó llenándose de gatos quienes habitaron el lugar durante 27 años.

Finalmente para 1914 la gruta fue demolida con la realización de obras para la supuesta construcción de un subterráneo Retiro-Constitución por parte de la compañía Anglo Argentina, que nunca llegó a concretarse.


 
EL MUERTO VIAJA, PERO NO PAGA

Con la llegada del tranvía a Buenos Aires, este tipo de transporte comenzó a utilizarse para distintos usos: transporte público, carne… y servicios fúnebres.

Para finales del siglo XIX, apareció una flota tranvías fúnebres y coches de acompañantes. Los coches de primera clase estaban por lo general barnizados en negro y orlado en todo el contorno del techo con los clásicos penachos de luto de crin negra.


El interior del tranvía fúnebre estaba decorado como una verdadera capilla ardiente ambulante. Poseía altar, candelabros, catre porta ataúd, asientos plegables para los deudos más allegados y cortinados de luto.

Los servicios se iniciaron traccionados a caballo y posteriormente fueron eléctricos. La plataforma delantera la ocupaba el conductor, y por la plataforma de atrás se abría una doble puerta por donde accedían el ataud y los deudos. El altar estaba ubicado a espaldas del conductor.

Se fijaron tres categorías, cuyas tarifas eran, (partiendo desde una Estación): Muertos en primera clase $ 20,00; Muertos en segunda clase $ 4,00; y Muertos en tercera clase $ 2,00.
En tanto los deudos, cada uno abonaba en 1ra. 45 centavos; 35 centavos en 2da; y 20 centavos en tercera.
Paradójicamente, si bien los deudos abonaban la tarifa más baja, el muerto resultaba el más beneficiado, ya que el no pagaba de su bolsillo su propio viaje.

Pero también al servicio se lo podía hacer desde un lugar a convenir, desde la puerta del velatorio, o desde la parada más cercana al sitio donde hubiera sido el mismo, en este caso el servicio sufría un recargo de alrededor del 30%.

En todos los casos los pasajes eran de ida y vuelta, (no así el del finado naturalmente), que si por cualquier inconveniente el entierro no se hubiese podido concretar, el féretro quedaba allí en depósito para una mejor oportunidad.



¿PORQUE CHACARITA NO ESTA EN SU "BARRIO" ?

La primera cancha de Chacarita Juniors, estuvo ubicada en un terreno baldío en Lacroze y Alvarez Thomas (allá por 1907). Lamentablemente, a días de adquirir el lugar fueron desalojados. La idea de la Municipalidad sería utilizar esos terrenos para construir una calle.


Su segunda cancha estuvo ubicada la calle Humboldt al 300. Era un estadio moderno con
capacidad para 40 mil espectadores. Todo era perfecto... hasta que su archi-rival hizo de las suyas...

Los terrenos en donde se encontraba la cancha de Chacarita eran alquilados. Al lado, se encontraban los terrenos del "eterno rival": el Club Atlanta.
A finales de 1943, Chacarita estaba atrasada unos seis meses con el pago mensual del alquiler. La comisión de Atlanta, al enterarse de esto, y apoyada por una familia de mucho dinero, ofreció plata para quedarse con el predio... y lo terminó comprando.
Chacarita no pudo igualar el precio y fue desalojado. Actualmente en el lugar, se encuentra el estadio de Atlanta.

Chacarita tuvo que mudar nuevamente su estadio, esta vez de manera definitiva a su actual emplazamiento en la localidad de San Martín.
Saludamos a todo el pueblo "Tricolor" en este difícil transe futbolístico.



"YO NO SOY LOCO"

La historia de Cayetano Santos Godino es bastante conocida por los porteños.
Cayetano fue un joven asesino en serie, uno de los mayores sociópatas en la historia argentina. A principios del siglo XX fue responsable de la muerte de cuatro niños, siete intentos de asesinato y el incendio de siete edificios.

Tras ser detenido, Godino confesó haber realizado cuatro homicidios y numerosas tentativas de asesinatos. En una primera instancia, Santos Godino fue declarado irresponsable y se lo recluyó en el Hospicio de las Mercedes, en el pabellón de alienados delincuentes.

En este lugar fue entrevistado por una serie de doctores quienes comenzaron a estudiar su particular caso. Este diálogo muy poco difundido en nuestros días, lo reproducimos a continuación.
Fue un mano a mano imperdible, con el "PETISO OREJUDO"


DOCTORES: ¿Es usted un muchacho desgraciado o feliz?
GODINO: Feliz.
DOCTORES: ¿No siente usted remordimientos de conciencia por los hechos que ha cometido?
GODINO: No entiendo lo que ustedes me preguntan.
DOCTORES: ¿No sabe usted lo que es el remordimiento?
GODINO: No señores.
DOCTORES: ¿Siente usted tristeza o pena por la muerte de los niñitos Giordano, Laurora y Vainicoff?
GODINO: No señores.
DOCTORES: ¿Piensa usted que tiene derecho a matar niños?
GODINO: No soy el único; otros también lo hacen.
DOCTORES: ¿Por qué mataba usted a los niños?
GODINO: Porque me gustaba.
DOCTORES: ¿Por qué buscaba usted los terrenos baldíos o una casa deshabitada para cometer sus atentados?
GODINO: Porque así nadie me veía.
DOCTORES: ¿Por qué huía usted después de matar a los niños y de producir los incendios?
GODINO: Porque no quería que me agarrara la policía.
DOCTORES: ¿Con qué objeto fue usted a la casa del niño Giordano el mismo día que lo mató?
GODINO: Porque sentía deseos de ver al muerto.
DOCTORES: ¿Con que objeto le tocó usted la cabeza al muerto?
GODINO: Para ver si tenía el clavo.
DOCTORES: ¿Piensa usted que será castigado por sus delitos?
GODINO: He oído decir que me condenarán a veinte años de cárcel y que si no fuera menor de edad me pegarían cuatro tiros.
DOCTORES: ¿Se animaría usted a matar algunos niños o idiotas del Hospicio de las Mercedes?
GODINO: Si señores.
DOCTORES: ¿En que paraje los mataría?
GODINO: En la quinta del establecimiento, porque así no me verían.
DOCTORES: ¿Cómo haría usted para matarlos?
GODINO: Les pegaría con un palo en la cabeza y lo dejaría al lado del niño para hacer creer que el palo se le había caído por casualidad en la cabeza.
DOCTORES: ¿Dónde le gustaría a usted más vivir; en este asilo o en la cárcel?
GODINO: En la cárcel.
DOCTORES:¿Por qué?
GODINO: Porque aquí están los locos, y yo no soy loco.

Fuente: Revista Todo es Historia
LOS TANGOS "PICAROS"
 
Los títulos de los primeros tangos demostraban su origen prostibulario.
Hoy esos títulos nos hacen sonreír pero, obviamente en aquel entonces, tendían a escandalizar a la sociedad.

Tangos como “La clavada”, “Dos sin sacar”, “La franela”, “Sacámele el molde”, “Con qué trompieza que no dentra”, “El fierrazo”, “Colgate del aeroplano”, “Va Celina en la punta”, “Dejalo morir adentro”, “¡Qué polvo con ese viento!”, “Afeitate el 7 que el 8 es fiesta”, “Hacele el rulo a la vieja”, “Tocámelo que me gusta”, "El 69", “Sacudime la persiana”, etc.

Muchos de estos tangos de corte procaz, tuvieron que ser cambiados luego del golpe de estado del general Uriburu, debido a la represión en las expresiones que se suscitaron durante esa Década Infame.


Algunos ejemplos de estos cambios en las letras fueron:


“Cara Sucia”, que hablaba de las partes íntimas de la mujer (favor reemplazar el “Cara” por “Con..” )


Cara sucia, cara sucia, cara sucia,

te has venido con la cara sin lavar
melenuda, melenuda, melenuda,
te has venido con el pelo sin peinar.

Otro ejemplo es “La C…ara de la L…una” (La Con… de la lora)

“Lora”, era la forma de llamar en lunfardo a las prostitutas gringas que en general eran europeas.

Según cuenta la leyenda, la frase real nació del ingenio de una esposa enfadada. Enojada con su marido, le negó sus partes íntimas y le dijo: "Si querés tener sexo, andá a la Con… de la lora". O sea, en casa no iba a tener satisfacción alguna y tendría que conformarse con una meretriz.

A partir de allí, el uso de la frase tomó vida propia y sería asimilada por los porteños, para denotar frustración o enojo.





LA BUDINERA DE JUANCITO

Juan Galvez nació en la Paternal el 12 de Febrero de 1916. De joven y junto a su hermano Oscar, atendían un taller en San Martín y Galicia.

De carácter introvertido, tenía como máximas cualidades el método y la cerebración. Añadió a su mente calculadora, amplios conocimientos mecánicos y toda la garra y las ganas de aquel que sólo corre para ganar.

En el automovilismo su record es realmente impresionante. Con 56 victorias totales es el Nº 1 de todos lo tiempos. Entre carreras, Grandes Premios y etapas de ambos, vió 109 veces la bandera a cuadros como triunfador. Finalmente resultó campeón argentino de Turismo Carretera nada menos que “9 veces”. 

Cuando le preguntaron a Juan Gálvez cuál era su secreto para ganar tantas carreras, esbozando una tímida sonrisa respondió:-"Corriendo a la menor velocidad posible". Extrañados sus interlocutores, le volvieron a preguntar: -"Cómo...? ¿Cuál es la menor velocidad posible...? A lo que el múltiple campeón con su proverbial calma respondió: -"Esa la fijan mis rivales".
Y enseguida subrayó sabiamente: -"Nunca trato de ganar por mucha diferencia. Para que voy a malgastar el auto si no es necesario. Soy enemigo de derrochar lo que tanto me cuesta juntar. Armar un motor significa para mí muchas horas de trabajo en el taller. Entonces ...¿ para que voy a ganar por una hora cuando puedo hacerlo por dos minutos..?".

Juan Galvez era amante de lo dulce. Cuando era pibe, y hasta ya de grandecito, la mamá le dejaba la budinera para que Juancito "la rascara".
Hasta en una publicidad de ATMA de los años `60 se hablaba de Juan: “No bebe, no fuma, come sobriamente, pero denle dulces, tortas, esas que chorrean cremas. Si usted señor, llega a invitar a Juan Gàlvez a comer, ya sabe lo que más le apetece al campeón. No se preocupe de manjares, de licores, de vinos, usted llene la mesa de dulces... no ponga otra comida.”. En esa misma publicidad el remataba el aviso diciendo “la budinera para mi mamá”.

Por eso cuando le dieron en propiedad la Copa establecida en 1910 para quien conquistara tres veces consecutivas el Gran Premio, alguien le dijo que había que llenarla de champagne, sin embargo Juancito sonrió y dijo: “Linda budinera para mi mamá”.

Juan Galvez falleció en un accidente en la 10ª Vuelta de Olavarria, el 3 de Marzo de 1963, a la edad de 47 años.



 

LA QUINTA DEL "TATA DIOS"

Al igual que tantos otros barrios lejanos al centro de Buenos Aires, Villa Urquiza comenzó a poblarse muy lentamente. Recién a finales del siglo XIX comenzaron a valorizarse los terrenos. No obstante el paisaje estaba integrado por algunas casas de recreo ubicadas dentro de grandes quintas. Todo era campo. Quizás en 4 manzanas había solo 2 casas.

En este barrio, existió una quinta muy famosa ubicada en la manzana entre las calles Pampa, Triunvirato, Echeverría y Gamarra.
Allí, habitó un famoso personaje llamado Juan Gimena, al cual apodaban "Tata Dios".

Este particular hombre, había constituído una secta religiosa de tipo "sui generis" donde amparaba a inmigrantes recién llegados al país, y a los cuales les hacía trabajar la tierra a cambio de comida y habitación.

De paso, el Tata los adoctrinaba, y llegó a formar gente fanática a los cuales apodó "los apóstoles" quienes practicaban una supuesta caridad predicando el evangelio.
Gimena, llegó a bautizar, casar y ejercer la medicina y otras artes.
También tuvo obreros especializados en talleres de carpintería pero el régimen que empleaba era el de servidumbre.

Tiempo después de haberse llenado los bolsillos a costa de los más desposeídos, el tata dios y sus más cercanos secuaces, fueron procesados y llevados a la cárcel.

Metejon de Barrio manteniendo la identidad porteña!