DOS INVENTOS BIEN ARGENTINOS
 
A veces la curiosidad despierta el apetito.
Es por ello que traemos a continuación la historia de dos recetas bien porteñas: Los sandwich de Miga, y el famoso "Postre Vigilante".

    *El Sandwich de los Ingleses

Quizá ni en París, ni en Roma, ni en Nueva York, se jacten de haber creado un manjar tan simple y rico como los sandwiches de miga, un invento que algunos han tomado como propio.

La leyenda cuenta que en la mismísima Confitería Ideal, de la calle Suipacha al 300, se reunía a principios del 1900 un grupo de ingenieros ingleses.
Extrañando su tierra y para intentar acercarse a los sabores de sus pagos, le pidieron al panadero de la confitería que les preparara un pan parecido al que añoraban.
Su deseo se cumplió y del horno salió el "pan de los ingleses", base de los sándwiches de miga.

    *El Vigilante hambriento

Para algunos es algo demasiado sencillo...
Para otros... es un verdadero manjar

Se trata de dos trozos encimados, uno de dulce de membrillo o batata, más otro de queso portsalut o cremoso.
Los más clásicos lo llaman "Postre Vigilante", los simplistas "Queso y dulce", y los más rebuscados "Martín Fierro". Aunque los discriminadores del membrillo lo llaman "Fresco y Batata"

La leyenda cuenta que fue popularizado a partir de la década del 20, en un bar de Palermo en donde solían comer los "vigilantes" (policías).
Aunque otra, la más romántica de las leyendas, cuenta que las amas de casa ofrecían este postre al policía de la esquina, el cual comía de parado, mientras hacía su trabajo.



ANTES DEL SEMAFORO

A principios del siglo XX, y ante el constante crecimiento del parque automotor, aparecieron en Buenos Aires garitas policiales para el manejo de la circulación.

Estas torrecitas se ubicaban en el cruce de las avenidas, donde un policía uniformado con mangas blancas dirigía el tránsito durante las horas pico. No había garitas en todas las esquinas, pero se las encontraba en los cruces de avenidas o calles de doble circulación, con tránsito intenso.


Las garitas contaban con quitasol para el reparo del sol y contra las inclemencias del clima.
Solía escucharse el estridente sonido del pito, acompañado por enérgicos gestos con los brazos y las manos, con los cuales los policías procuraban brindar agilidad en el desplazamiento vehicular y seguridad al cruzar la calle.


Después de dirigir el tránsito durante una hora, el oficial bajaba de la garita y continuaba con sus tareas de control en el barrio.


Metejon de Barrio manteniendo la identidad porteña!



¿ COMO TE IMAGINAS BUENOS AIRES EN EL 2080 ?

Mucho antes de la aparición de las películas y series de ciencia ficción, escritores y dibujantes de fines del siglo XIX y principios del XX se atrevieron a soñar. Desde revistas y libros, imaginaron cómo luciría la capital argentina en un futuro para aquel entonces… lejano.

En 1879, un escritor francés llamado Achilles Sioen visitó Buenos Aires. Fue aquí donde se inspiró y escribió un libro de ciencia ficción de tan solo 120 páginas reflejando el futuro de la ciudad en el año 2080.

Su historia era bastante simple: trataba sobre un joven administrador de una mina de cobre que viaja desde la Patagonia a Buenos Aires en la línea Sudamericana de ferrocarril que une el Estrecho de Magallanes con Río de Janeiro.

Mientras avanza a 360 km/h describe lo que ve: los trenes son superlujosos (llevan a 5000 pasajeros y tienen bibliotecas, capilla, un teatro y tiendas), el país es cosmopolita (idiomas como el francés, el inglés, el ruso y el chino son tan usuales de oír en la calle como el castellano) y Buenos Aires cuenta con 2.800.000 habitantes (Argentina tiene 30.000.000). 
 
Además, en el 2080 el espiritismo es considerado una ciencias exactas y el ateísmo, una rareza. La Boca se convirtió en el centro financiero porteño, un gran “sol eléctrico” ilumina la ciudad durante la noche sostenido por una estatua de Prometeo, el Riachuelo fue ensanchado y profundizado y se encuentra flanqueado por un gran bosque. Por hilos grafotelefónicos subterráneos se recibe en las casas los sonidos de los teatros, Europa es un solo país y las guerras han terminado. Y, curiosamente, la soltería es considerada un vicio inmoral, el matrimonio es obligatorio a partir de los veinte años; los piropeadores son mandados a prisión por un Consejo de Ancianos; hay condenas de tres años de trabajos forzados para aquellos novios que no concretan el matrimonio luego de ocho días de iniciado el noviazgo y las mujeres no tienen iniciativa individual y son sumisas a sus maridos.

Sin embargo otros como el diario Crítica en 1927 fueron un tanto más realistas:
“En el año 2177, Buenos Aires será una ciudad fantástica de cientos de pisos de altura, repleta de hangares para las monstruosas naves del espacio. Proyectiles-vagones llevarán pasajeros de América a Europa en minutos. El transporte de energía, sonido e imagen se hará por conductos inalámbricos. Las ciudades no constituirán el refugio del hombre. Como los rápidos medios de locomoción suprimieron las distancias, los seres humanos elevarán sus viviendas en las montañas, en los desiertos canalizados y convertidos en jardines mediante la electricidad aplicada a la agricultura”.

Todos ellos fueron grandes idealistas.
Muchos lamentablemente no han tenido la posibilidad de conocer el caos actual en la agitada y por momentos insostenible Reina del Plata.

Metejon de Barrio le saca viruta al adoquín!


UN LOCO CON SUBMARINO (año 1810)

En 1810, un norteamericano llamado Samuel Williams Taber, llegó a Buenos Aires enterado de una Revolución que se estaba llevando a cabo.

El muchacho se presentó en el fuerte, donde expuso a los miembros de la Primera Junta los planos de un artefacto "submarino" que serviría para atacar a la flota realista en Montevideo.

Su invento era una especie de tortuga de madera con un taladro en la punta con el que Taber pensaba perforar el casco de los buques enemigos en el puerto de Montevideo, a efectos de colocar en esos agujeros... explosivos.

La Junta rápidamente designó un cuerpo especial para que estudiara los planes de Taber. Esta comisión estaba integrada por Cornelio Saavedra y Miguel de Azcuénaga, quienes mediante un informe secreto aprobaron la posibilidad de volar los polvorines flotantes de la armada española.
 
En menos de quince días comenzó la construcción del “proyecto Taber” submarino que estaría financiado enteramente por su inventor.

Pero al poco tiempo de iniciarse los trabajos, Taber cayó preso en Uruguay mientras intentaba espiar a los realistas, acusado de sobornar a soldados. Liberado, regresó a Buenos Aires un año después.

Finalizada la obra, la embarcación medía de 8 a 10 metros de largo, estaba pintada de negro y marcada con una letra “T” en blanco. Sus partes fueron colocadas en un gran cajón de madera de pino, también marcado con una letra “T”.

El 21 de octubre de 1811 Taber solicitó permiso para trasladarse a la Ensenada de Barragán con todo el equipamiento, a efectos de armarlo y probarlo en aguas del río. Esto era necesario, porque el bajo calado de las aguas del puerto de Buenos Aires, hacía imposible la navegación del artefacto. Además, hubiera llamado la atención de todos y no faltaría un soplón que informara a los realistas.

Sin embargo, Taber jamás llegó a Ensenada, porque antes que la pesada carreta iniciara su travesía, el 22 de septiembre de 1811, cayó la Junta Grande.

A los miembros del primer triunvirato les pareció arriesgada la idea del norteamericano y la descartaron. Jamás se supo adonde fue a parar el cajón con las partes del submarino.

Taber siguió durante 1812 con sus espionajes en Chile, y en 1813 murió cerca de Buenos Aires, víctima de tisis.

Los planos del submarino de madera desaparecieron, y la tortuga de Taber jamás pudo participar de la guerra de la independencia. Y aunque legó todos sus bienes a la Junta Revolucionaria, actualmente ninguna calle o plaza recuerda a este visionario precursor, que puso su vida y sus bienes al servicio de su país de adopción.

Metejon de Barrio una suricata curiosa!
 

 
JUEGOS OLIMPICOS PORTEÑOS

Como parte de los festejos del Centenario de la Revolución, en el año 1910 Argentina llevó adelante el espectáculo denominado “Juegos Olímpicos del Centenario”. La organización recayó sobre la Sociedad Sportiva Argentina, que no sólo reunía a lo más exclusivo de la sociedad porteña, sino que era la entidad deportiva más importante del país.

Los Juegos se extendieron durante una semana en 3 sedes: Belgrano Athletic Club, Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires y por supuesto, la Sociedad Sportiva, que tenía su estadio en donde actualmente se encuentra el Campo Argentino de Polo.

Este evento deportivo estuvo bastante lejos de ser un Juego Olímpico como los actuales. A él llegaron atletas de diferentes países (Brasil, Uruguay, Bélgica, España, Francia, Inglaterra, entre otros), que no conformaron delegaciones oficiales. Tampoco las competencias tuvieron reconocimiento de alguna federación, por lo que es practicamente imposible conseguir resultados.

Una de las máximas atracciones del evento, inaugurado oficialmente por Figueroa Alcorta, fue la presencia del corredor Dorando Pietri. Este atleta nacido en Italia y pastelero de profesión, pasó por Buenos Aires logrando un tiempo de 2 horas 38 minutos 49 segundos. Segundo terminó el español Antonio Creuz y tercero el argentino Aníbal Carraro.

El fútbol participó en la celebración, aunque no como parte de los Juegos. Se disputó días más tarde en la Sociedad Sportiva un triangular en el que participaron Chile, Uruguay y Argentina, siendo este último campeón invicto. Este torneo denominado “Copa Centenario Revolución de Mayo 1910” se toma como el antecedente de la actual Copa América, el certamen continental de selecciones más viejo del mundo.

La celebración generó muchísima controversia. La noticia de su realización llegó a oídos del baron Pierre de Coubertin, presidente del Comité Olímpico Internacional, quien se enojó por la utilización del nombre “Juegos Olímpicos” sin su autorización.

Sin embargo, en aquel entonces, a Argentina no le importaría demasiado...
Era una potencia.

En la foto: Doranto Pietri, una de las atracciones en los Juegos Olímpicos del Centenario.

Metejon de Barrio le saca viruta al adoquín!

CONOCISTE A CHUENGA?


Aunque para algunos era casi un “semi-dios” lo llamaban “Chuenga”

Mítico personaje de Buenos Aires, vendedor de profesión desde los años 30, Chuenga aparecía en cualquier evento deportivo: carreras de bicicletas, maratones, picaditos, festejos patronales, carreras de embolsados, etc. 


Y los domingos, era fija encontrarlo en los estadios de fútbol. Muchos lo vieron en el Luna Park, en inauguración de la cancha de Vélez, en Parque Avellaneda, en Defensores de Belgrano casi como hincha, o siendo asiduo del Gasómetro de Avenida La Plata. Bastaba con gritar “Chuenga” y que el tipo apareciera.

Vendía caramelos que él mismo fabricaba. Era un caramelo blanco amorfo con algunas vetas de diferentes colores, pero duuuro como una piedra! A su invento le puso de nombre "chewing gum", lo que en inglés significa goma de mascar. Pero el nombre original se fue acriollando hasta convertirse en “chuenga”.


Y si uno deseaba comprar sus caramelos, para él daba lo mismo que le pagasen 10 o 50 centavos, la medida clásica era un puñado que sacaba de una gran bolsa.


De pelo naranja y pullovers o remeras llamativas, pregonaba su arte al grito de “chuengaaaaa, chuengaaaa”. Algunos decían que Chuenga había hecho fortuna, o que vivía en un palacio, o que andaba en los mejores autos, o que había vendido por millones su fórmula empalagosa a Estados Unidos…


Lo cierto es que se llamaba José Eduardo Pastor y no era “semi-dios” porque se nos fue en el 84’. Era de Floresta, un tipo sencillo con casa modesta que viajaba en colectivo, pero que supo alegrar y ganarse el corazón de varias generaciones de porteñitos.


Metejon de Barrio manteniendo la identidad porteña!



EL PRIMER CANIBAL ARGENTINO

Durante el año 1936, la comunidad de Cayastá en la provincia de Santa Fé se vio conmocionada tras la noticia de un caso de secuestro y violación seguida de muerte, sumado a una práctica de... canibalismo.


En el mes de mayo de ese año, la policía santafecina tomó conocimiento de la desaparición de un menor de sólo 11 años llamado Eusebio Lugones. La pista indicaba que el menor pudo haberse ido en una canoa con un desconocido de más o menos 40 años.


Días después, la policía encuentra una persona mayor armada con una escopeta. Su nombre era Aparicio Garay y presentaba rasgos de desequilibrio mental.


En la morada del sospechoso, la policía encontró restos de intestinos, los cuales aparentemente eran producto del carneado de un animal.

Sin embargo, luego de su detención, Aparicio confiesa "que las tripas encontradas el día anterior en el costado sur del rancho pertenecían al menor Lugones, a quien él mismo asesinó de un tiro cuando quiso escaparse en su canoa". Confiesa, también, haber tirado el cuerpo en pedazos chicos frente al rancho y, posteriormente, haber quemado su ropa. Allí se secuestra una hebilla y se observan señales evidentes de la quemazón.


Tras varias horas de búsqueda, se encuentra el cuerpo a 6 metros de la orilla. La parte correspondiente al cráneo del menor estaba serruchada en la parte frontal y en las mandíbulas. Tambien se incautaron huesos completamente desprovistos de carne y serruchados en su totalidad.


Garay sin desparpajo confesó que el chico estaba enfermo de los intestinos y que él lo curaba con yuyos. Finalmente, logro engordar al chico lo suficiente como para obtener 6 litros de grasa, los cuales conservó en una damajuana, y el resto lo utilizó para engrasar fierros, pero como no le resultó útil, lo guardó para venderlo como aceite.

Después de haber tirado los huesos al río, le dió un poco de carne a los perros, a los que les gustó la “carne cristiana” (sic), y lo demás lo colgó en ganchos. Un poco de los restos los fritó con grasa (también obtenida del cadáver del niño) y se señaló la parte de los muslos, agregando que, una vez que el paladar se acostumbró a ese sabor lo comió, pero que al principio no le gustaba. Refirió, inclusive, que el mismo día que mató al menor arrojó todo al río y a la noche durmió tranquilo.


El juez de la causa lo encontraría culpable, y ordenaría su reclusión en el "Hospicio de Las Mercedes" de la Ciudad de Buenos Aires, en un establecimiento adecuado para su enfermedad. El mismo juez indicaría " es un sujeto senil, con delirios sistematizados, cuya evolución no puede precisarse”.


Tiempo después, se supo que Garay cometió otro brutal asesinato dentro del nosocomio porteño. Según sus propias declaraciones, mató a un compañero porque este "no lo dejaba dormir". A cada momento se levantaba de la cama haciendo un “ruidito” que le molestaba, por eso lo había seguido hasta el baño donde armado de un rastrillo, lo agredió hasta darle muerte.


Nunca más se supo de la historia de este extraño personaje que mantuvo en vilo a toda una sociedad, aunque casos como este siguen dando escalofríos, casi 70 años despúes.


Metejon de Barrio le saca viruta al adoquín!