LA PRIMERA "MULTA" PORTEÑA
Diego de Góngora, el gobernador, también prohibió el estacionamiento generalizado de caballos en las puertas de las pulperías, primero porque no dejaban pasar a nadie, y segundo porque los pingos llenaban de bosta las calles convirtiéndolas en un chiquero nauseabundo.
Una tarde, paseando por la ciudad, el gobernador encontró un caballo mal estacionado y haciendo sus necesidades. De inmediato ordenó secuestrar el animal y multar a su dueño.
Jenario Romero fue el primer multado por mal estacionamiento, quien tuvo que ver como la grúa se llevaba a su vehículo. En aquel entonces, la grúa era apenas, otro caballo.
El hombre recién había llegado de Luján donde vivía con su mujer y sus 12 hijas, y paró a refrescarse un poco. Era el único lugar en donde poder descansar un poco, no solo del viaje sino también de 13 mujeres que lo apabullaban.
Luego, se dirigió al fuerte y pagó su multa. Ah... la pena no era en dinero sino en especie: Jenario pagó con una gallina comprada a un vecino, y regresó a su hogar.
fuente: Hist. Daniel Balmaceda
