INAUGURACION DEL CINERARIO DE CHACARITA 

En una crónica publicada en Buenos Aires en 1900, se describía con detalle una de las innovaciones sanitarias más modernas de la ciudad: la puesta en funcionamiento del cinerario del cementerio, destinado a recibir las cenizas de los cadáveres incinerados por razones de salubridad pública (enfermedades contagiosas). A diferencia de lo que podría suponerse, esas cenizas no se guardaban en compartimentos individuales, sino que eran depositadas en conjunto en este espacio especialmente preparado, cuyas llaves habían sido recientemente entregadas al administrador del cementerio.

El texto también relataba la inminente inauguración del horno crematorio, que aún no había sido estrenado oficialmente, aunque ya se habían realizado pruebas en presencia del intendente municipal Adolfo Bullrich, el presidente del Departamento Nacional de Higiene, doctor Wilde, y los ingenieros Morales y Silva. 

La construcción respondía a las más estrictas prescripciones científicas de la época: se había eliminado por completo el uso de madera y se emplearon hierro y ladrillos refractarios tanto en puertas y ventanas como en pisos y paredes. 

El edificio contaba además con dos salas anexas destinadas a autopsias y dependía directamente de la Asistencia Pública, que había redactado un reglamento especial para su funcionamiento, mostrando cómo la higiene y la ciencia comenzaban a moldear también el tratamiento de la muerte en la Buenos Aires de comienzos del siglo XX.