domingo, 23 de febrero de 2014

ESPIANDO POR LOS TABLONES DEL MUELLE

El Río de la Plata es uno de los más grandes del mundo. Del lado oriental es alto y del lado Argentino demasiado bajo. Generalmente está expuesto a vientos de sudestada que arrastra sedimentos hacia nuestra orilla.

Desde los orígenes de Buenos Aires, el río se convirtió en un refugio natural contra los asedios. Este no es el caso del lado Oriental, en donde tuvieron que construir murallas. La ubicación de la ciudad y esta defensa natural, hacía que nadie se preocupara por el fuerte, que en un principio estaría construido de barro, paja y madera.

Pero así también como defendió de los ataques, produjo grandes dolores de cabeza a numerosos marineros.

Exceptuando los barcos de pequeño calado, y ante el miedo de encallar, el resto de los barcos desembarcaba pasajeros en pequeñas barcazas y luego hacían trasbordo en carretas tiradas por caballos hasta llegar a la orilla. Así era como los viajeros arribaban a Buenos Aires por lo menos hasta 1855, cuando se construyó un muelle de desembarco.
 

Este muelle de pasajeros, tenía un piso de tablones separados por unos centímetros, lo cual despertaba la tentación de ciertas personas y niños, como lo acontecido el 26 de marzo de 1869 y asentado en el Libro Diario de la Ayudantía del Puerto: "Dos individuos que no quisieron dar sus nombres pagaron 50 pesos de multa por cada uno por hallárseles bajo el Muelle de Pasajeros mirando a las mujeres que paseaban y a don Antonio Bonafuz por igual delito la misma multa. Firmado G. Goyena"

Uno de los viajeros que dejaron impresas sus apreciaciones respecto al Puerto de Buenos Aires fue el viajero inglés Williams Hadfield, quien publicó un libro en Londres en el año 1952 y en donde contaba:

"…En varios aspectos, la apariencia de la ciudad no es muy halagüeña. Después de esperar durante dos horas al oficial, pudimos al fin desembarcar, y ¡que desembarco!, peor, seguramente, que el que encontraron los españoles en su primera visita, porque desde entonces, montones de barro petrificado se han ido acumulando en la orilla, formando verdaderas rocas, y los botes están obligados prácticamente a buscar a ciegas el camino, llegando tan cerca como es posible de la tierra. Más el procedimiento común para el desembarco de los viajeros es el ser llevados fuera del barco en una gran carreta abierta tirada por dos caballos, frecuentemente con el peligroso riesgo de caer al agua y verse empapados…".

Pero claro, el problema era de infraestructura… Algo bueno tendría que tener nuestra Reina del Plata:

"…Nada más calamitoso que ese desembarco, en una de las más hermosas ciudades de América, que no posee un solo desembarco, Muelle o Dique, aunque sí, un paseo muy hermoso situado en la margen del río y que sirve de solaz, siendo sin embargo muy poco frecuentado…".

"La vista del Puerto de Buenos Aires desde las azoteas de las casas es muy pintoresca. Se divisan barcos, tan lejos como alcanza el ojo humano. A la izquierda, hacia Palermo, se levantan numerosas residencias de muy hermoso aspecto; a la derecha, está el antiguo fuerte, luego la Aduana, depósitos de almacenes de diferentes clases; más allá lo que se llama la Boca, entrada de un pequeño río donde gran cantidad de barquichuelos cargan y descargan en perfecta seguridad. Pero algunas veces se dificulta esta operación por la acumulación de arena en la boca del río..." "... Es asombroso como puede llevarse a cabo cualquier clase de comercio con tanta desventaja…"

En imagen, "Desembarco con Río Bajo" Litografía de Juan León Palliére, circa 1860

Metejon de Barrio manteniendo la identidad porteña!
 
 

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domingo, 23 de febrero de 2014

ESPIANDO POR LOS TABLONES DEL MUELLE

El Río de la Plata es uno de los más grandes del mundo. Del lado oriental es alto y del lado Argentino demasiado bajo. Generalmente está expuesto a vientos de sudestada que arrastra sedimentos hacia nuestra orilla.

Desde los orígenes de Buenos Aires, el río se convirtió en un refugio natural contra los asedios. Este no es el caso del lado Oriental, en donde tuvieron que construir murallas. La ubicación de la ciudad y esta defensa natural, hacía que nadie se preocupara por el fuerte, que en un principio estaría construido de barro, paja y madera.

Pero así también como defendió de los ataques, produjo grandes dolores de cabeza a numerosos marineros.

Exceptuando los barcos de pequeño calado, y ante el miedo de encallar, el resto de los barcos desembarcaba pasajeros en pequeñas barcazas y luego hacían trasbordo en carretas tiradas por caballos hasta llegar a la orilla. Así era como los viajeros arribaban a Buenos Aires por lo menos hasta 1855, cuando se construyó un muelle de desembarco.
 

Este muelle de pasajeros, tenía un piso de tablones separados por unos centímetros, lo cual despertaba la tentación de ciertas personas y niños, como lo acontecido el 26 de marzo de 1869 y asentado en el Libro Diario de la Ayudantía del Puerto: "Dos individuos que no quisieron dar sus nombres pagaron 50 pesos de multa por cada uno por hallárseles bajo el Muelle de Pasajeros mirando a las mujeres que paseaban y a don Antonio Bonafuz por igual delito la misma multa. Firmado G. Goyena"

Uno de los viajeros que dejaron impresas sus apreciaciones respecto al Puerto de Buenos Aires fue el viajero inglés Williams Hadfield, quien publicó un libro en Londres en el año 1952 y en donde contaba:

"…En varios aspectos, la apariencia de la ciudad no es muy halagüeña. Después de esperar durante dos horas al oficial, pudimos al fin desembarcar, y ¡que desembarco!, peor, seguramente, que el que encontraron los españoles en su primera visita, porque desde entonces, montones de barro petrificado se han ido acumulando en la orilla, formando verdaderas rocas, y los botes están obligados prácticamente a buscar a ciegas el camino, llegando tan cerca como es posible de la tierra. Más el procedimiento común para el desembarco de los viajeros es el ser llevados fuera del barco en una gran carreta abierta tirada por dos caballos, frecuentemente con el peligroso riesgo de caer al agua y verse empapados…".

Pero claro, el problema era de infraestructura… Algo bueno tendría que tener nuestra Reina del Plata:

"…Nada más calamitoso que ese desembarco, en una de las más hermosas ciudades de América, que no posee un solo desembarco, Muelle o Dique, aunque sí, un paseo muy hermoso situado en la margen del río y que sirve de solaz, siendo sin embargo muy poco frecuentado…".

"La vista del Puerto de Buenos Aires desde las azoteas de las casas es muy pintoresca. Se divisan barcos, tan lejos como alcanza el ojo humano. A la izquierda, hacia Palermo, se levantan numerosas residencias de muy hermoso aspecto; a la derecha, está el antiguo fuerte, luego la Aduana, depósitos de almacenes de diferentes clases; más allá lo que se llama la Boca, entrada de un pequeño río donde gran cantidad de barquichuelos cargan y descargan en perfecta seguridad. Pero algunas veces se dificulta esta operación por la acumulación de arena en la boca del río..." "... Es asombroso como puede llevarse a cabo cualquier clase de comercio con tanta desventaja…"

En imagen, "Desembarco con Río Bajo" Litografía de Juan León Palliére, circa 1860

Metejon de Barrio manteniendo la identidad porteña!
 
 

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