jueves, 13 de junio de 2013

COMO CONQUISTAR EL MUNDO... DESDE EL CAFE

El 4 de junio de 1801, el diario “El Telégrafo Mercantil” dió cuenta de un nuevo local que se abriría en la intersección de las calles De la Santísima Trinidad y San Carlos (actualmente Bolívar y Alsina): “Mañana jueves se abre con superior permiso una casa café en la esquina frente del colegio, con mesa de villar, confitería, y botillería. Tiene hermoso salón para tertulia, y sótano para mantener fresca el agua en la estación de verano”.


Al local se lo denominó “Café de Marco”, aunque algunos lo llamaban “Mallcos”. También se lo conoció como “el Café del Colegio”, porque estaba frente al Colegio de San Carlos.

 

Tenía dos billares, lo que le daba categoría y atraía a los jóvenes, pero era el lugar donde se reunían los hombres.

El local no tenía más adorno que dos espejos de regular tamaño. Los mozos servían de calzón corto, chaquetas y alpargatas. Se bebía, además de café y chocolate, vinos españoles, anís, agua con azucarillos, denominados “panales”, “agrio”, (o sea jugo de limón o de naranja, con agua y azúcar), y “sangría” (vino tinto, agua y limón).
El café también ofrecía a sus clientes el alquiler de un pequeño carruaje para los días de mal tiempo, en que se les hacía difícil volver a sus casas.

Habitualmente en horas de la noche no había parroquianos, sobre todo en invierno, excepto los grupitos de jugadores y noctámbulos. Los hombres de la colonia, que se casaban muy jóvenes, generalmente antes de los veinticuatro años, no iban a los cafés. Se quedaban en sus casas, o iban a algunas tertulias familiares. No era bien visto que el casado acudiese de noche a un café; y sólo en circunstancias extraordinarias se excusaba el hacerlo.


Toda discusión política, amistades y conquistas amorosas se planeaban en lo de Marco. También se redactaban algunos de los pasquines que a la noche eran arrojados por debajo de las puertas de calle incitando alguna que otra revolución.


El Café de Marco fue un apostadero de patriotas durante las invasiones inglesas y lugar de reunión de reunión de Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Vicente López y Planes, Bernardo de Monteagudo en vísperas de la Revolución de Mayo de 1810.

Luego de la fiebre amarilla, la concurrencia bajó notablemente y tuvo que ser cerrado en el año 1871.


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jueves, 13 de junio de 2013

COMO CONQUISTAR EL MUNDO... DESDE EL CAFE

El 4 de junio de 1801, el diario “El Telégrafo Mercantil” dió cuenta de un nuevo local que se abriría en la intersección de las calles De la Santísima Trinidad y San Carlos (actualmente Bolívar y Alsina): “Mañana jueves se abre con superior permiso una casa café en la esquina frente del colegio, con mesa de villar, confitería, y botillería. Tiene hermoso salón para tertulia, y sótano para mantener fresca el agua en la estación de verano”.


Al local se lo denominó “Café de Marco”, aunque algunos lo llamaban “Mallcos”. También se lo conoció como “el Café del Colegio”, porque estaba frente al Colegio de San Carlos.

 

Tenía dos billares, lo que le daba categoría y atraía a los jóvenes, pero era el lugar donde se reunían los hombres.

El local no tenía más adorno que dos espejos de regular tamaño. Los mozos servían de calzón corto, chaquetas y alpargatas. Se bebía, además de café y chocolate, vinos españoles, anís, agua con azucarillos, denominados “panales”, “agrio”, (o sea jugo de limón o de naranja, con agua y azúcar), y “sangría” (vino tinto, agua y limón).
El café también ofrecía a sus clientes el alquiler de un pequeño carruaje para los días de mal tiempo, en que se les hacía difícil volver a sus casas.

Habitualmente en horas de la noche no había parroquianos, sobre todo en invierno, excepto los grupitos de jugadores y noctámbulos. Los hombres de la colonia, que se casaban muy jóvenes, generalmente antes de los veinticuatro años, no iban a los cafés. Se quedaban en sus casas, o iban a algunas tertulias familiares. No era bien visto que el casado acudiese de noche a un café; y sólo en circunstancias extraordinarias se excusaba el hacerlo.


Toda discusión política, amistades y conquistas amorosas se planeaban en lo de Marco. También se redactaban algunos de los pasquines que a la noche eran arrojados por debajo de las puertas de calle incitando alguna que otra revolución.


El Café de Marco fue un apostadero de patriotas durante las invasiones inglesas y lugar de reunión de reunión de Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Vicente López y Planes, Bernardo de Monteagudo en vísperas de la Revolución de Mayo de 1810.

Luego de la fiebre amarilla, la concurrencia bajó notablemente y tuvo que ser cerrado en el año 1871.


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